martes, 25 de marzo de 2008

Gracias, muchas gracias

Me siento acreedor de tanta amistad, que me rebalsan las ganas.
Estoy hinchado (más allá de los kilos y los añitos del "dolce far niente"...) de tanto orgullo por su cariño.
Son caricias tan lindas las que se reciben en el corazón, que dan ese calorcito especial, parecido al de una siesta que recuerdo de chico, como esos momentos perfectos que suelen haber, de tanto en tanto, en nuestras vidas, si tenemos la precaución de vivirlas atentos no sólo al camino, sino también a los carteles de los costados.
Muri: me pedías más de mis recuerdos de Rosario, ya llegarán.
Martín: más allá de los lazos de la sangre, te cuento en la lista de los amigos entrañables, y lo sabés.
Guillermo: nuestro común Dios en 220 y 380 w nos permitió confluir en esta etapa de nuestras existencias, que si nos encontrábamos antes... Fáh!
Son estas cosas las que me mueven a la gratitud.
Las que alientan a la mirada cuando subimos la cuesta, y todavía falta...

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