miércoles, 26 de marzo de 2008

Mejor ser, que parecer...

Ideas que se aglutinan en la vorágine. Adrenalina. Sudor y ansiedad. Respiración agitada. El corazón golpea como un tambor en el pecho (tum, tum, tum, tum). Es una verdadera avalancha de emociones que se junta, como un nudo en la garganta, que atenaza y frustra, que te dá impotencia.
Como cuando en el '91 (Vivi, te acordás?) nos quisieron cerrar el ISET Nº 18, allá en Rosario, donde estudiamos Locución, y salimos con las ganas aterradas de dejarnos sin estudios, con el esfuerzo que significaba para nosotros, y la bronca maneada por algunos turros profesionales que querían eliminar los recursos educativos para la clase media.
Salir al salón del Instituto, y frente a todos, gritar que teníamos que estar brazo con brazo, firmes, para evitar el cierre.
Ser la voz de los que querían hablar en esos momentos (sólo por tener este vozarrón estentóreo, solo por no tener miedo a los otros, a los de enfrente, por querer salir del capullo, crisálida al fin) me hacía creer en una incruenta revolución de las ideas, en la comunidad del pensamiento, en la alineación de las voluntades en pos de un fin común.
Fin común fue: si bien salvamos al ISET Nº 18, el Turco infame nos borró con un decreto de necedad y turgencia el honor de ser profesionales de la Locución.
Bue, el honor está. Lo que se fue es la chapa, nada más.
Que es mucho mejor ser, que parecer.

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