Cuando uno es crédulo, cualquier opinión avalada tras un nombre exótico y una presencia equiparable a un viejo nido de urracas (lleno de brillos y plumas), puede dar fé que el futuro no sólo existe, sino que "ciertas personas" pueden vislumbrarlos. Uno de los mundos donde siempre se pensó que coexistían sin tiempos nuestras realidades (presentes, pasadas y futuras) es el de los sueños, donde nuestra conciencia libera sus alas, y trasmuta (para nuestro bien y conveniencia) lo que nos pasa... o lo que nos pasará.
Ésto lo digo porque el fenómeno de "dèja bu" (donde uno imagina, o cree conocer por ciertos signos visibles, situaciones o momentos, los pasos previos que marcará el destino) ha sido conocido por mí desde antes de mi adolescencia, aunque no creyera en él. Todo mi raciocinio se opone, por supuesto, pero he aprendido a "dejar paso" a estas señales, y "modificar" (si así me conviene) el futuro que sé que va a venir, porque lo he visto en mis sueños.
No es un tema menor: muchos piensan que tengo "buena suerte" o "instinto", pero es la primera vez que nombro esta facultad de poder ver, de manera involuntaria y aleatoria, lo que pasará en ciertos momentos de mi vida.
He tenido sueños que se han anticipado más de seis, siete años, a la llegada del presente.
También ha habido sueños fallidos, que anticipaban catástrofes, y sólo eran tormentas en vasos de agua.
No lo entiendo, y el conflicto entre mi parte racional y mi contraparte onírica-anticipatoria me lleva a un pensamiento capital: me habré pasado la vida dormido, o sueño que estoy despierto?
sábado, 29 de marzo de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario