sábado, 31 de mayo de 2008

Lo añejo del presente

No sé si será en virtud del tiempo que pasa, y de este efímero (cada vez más movedizo) presente, uno empieza a darse cuenta que el tiempo es un arroyo de llanura, que circula constante, sin prisa pero sin detenerse, con remansos y turbios remolinos que se ahondan.
Como una creciente, llena de barro, de basura y hojas, que avanza intransigente, ante la oposición de los objetos y las voluntades que no pueden con ella.
Y en este tránsito, aquellos presentes que dejamos atrás, en particular los lugares físicos, vistos hoy dan esa sensación de rancio, de antiguo, de húmedo olvido en algún altillo o placard desconchado y viejo.
En este contraste (entre el presente recordado y el presente visitado), percibimos el baldío que ya no es, la canchita que se asfaltó, la calesita que hace años no se recuesta en esta esquina, mareando el tiempo, provocándote el vértigo y la adrenalina.
Que será, entonces, de aquellas casas visitadas, de los lugares conocidos, de las caras que se sucedieron, una tras otra, desde mi llegada al mundo, desde mi amanecer.
Será lo añejo del hoy, será el pasado de este presente, lo que uno siente tan próximo, cada vez más, hoy, y mañana, y siempre.

viernes, 16 de mayo de 2008

No me vendas más...

No es que no quiera comprar: no quiero que me vendas más buzones.
Te compré el primero allá por 1983, cuando todavía creía que servían.
El segundo lo adquirí allá por 1986, y se lo llevó el Plan Austral.
El tercer y el cuarto los compré en combo, a pagar a plazos entre 1989 y 1991, con la promesa que desde la Rioja se hacían mejor (con aceite de jojoba).
El quinto vino en el '95, el sexto me cayó como al pasar en el '99, pero ya en el '94 te había señado uno (me prometiste que ibas a cambiar... y me cambiaste nomás).
El octavo (porque el del '94 fue el 7º entonces), me lo ofrecieron (y creí que ésta vez era cierto) en el 2001.
El noveno tenía que venir, y me lo fiaron hasta el 2003, donde lo pagué con intereses.
El décimo vino sólo (ya estábamos en familia...) para el 2007, y no se quiere acomodar con los otros: no hay una que le venga bien...!
Pero ya lo sabés.
Aprendí.
No te compro un buzón más.
Es más: si querés, te vendo (todavía los tengo guardados... Y NO ME OLVIDO!)

viernes, 9 de mayo de 2008

"Venga a Bailar, Señora...!!!"

"Venga a Bailar, Señora...!" De esta manera convocaba Velazco Ferrero a las mujeres de la casa, a suscribirse a la fantasía que genera el baile: las luces, el protagonismo, la ilusión de la princesa que se saca el delantal y brilla, brilla como una luciérnaga... antes que la baje a la realidad un corte comercial de Aceite Patito.
"Let's Dance" decía David Bowie en los '80, en una década donde el baile era una actividad convocante y socialmente demostrativa, donde se marcaba (a lo Tony Manero, el Travolta de "Fiebre de Sábado por la Noche") la sensualidad puesta al servicio de una canción.
Hoy, la música que suena nos hace bailar... y no por un sueño.
Hace rato que comenzó el baile, y no nos queda otra que seguir dando vueltas a la pista, con la expectativa (como en el baile de las sillas) que cuando deje de sonar la música... nadie nos saque el lugar.

miércoles, 7 de mayo de 2008

La Velocidad del Cambio (Que no es Cambiar la Velocidad...)

A caballo de un tren bala, la modernidad nos pasa por encima, y te sentís, más que un transeúnte de la vida, una cucaracha en el andén: existís sólo por la magnanimidad de los grandes, que no te pisan porque:
a) te tienen asco;
b) te tienen asco porque sos una cosa inmunda;
c) te tienen asco porque sos una cosa inmunda y negra;
d) te tienen asco porque sos una cosa inmunda, negra y pobre, a la cual no le pueden sacar ni un mango, ni los buenos modales (resabios de una época de aspiraciones, de movilidades sociales y del "si estudias, en este país se te abren las puertas...").
Las puertas las engrasan con guita, nene.
Las puertas de las oportunidades no se abren, nene: se voltean.
Nadie te regala nada, todo hay que rapiñarlo, forzarlo, pelearlo con los dientes afuera, garroneando los talones de la oportunidad hasta que largue algo para hincarle el diente.
Con tanto cambio veloz, los despiertos, los "avivados", sólo los preclaros hijos de puta pueden estar en la cresta de la ola, viendo bien qué cabeza es inodoro, y cuál peldaño.
Disculpen tanto optimismo; no sé muy bien qué es lo que tengo encima: si un pie, o mierda.

lunes, 5 de mayo de 2008

Lo pequeño es grande (y no es figurado)

Todos tus problemas financieros son grandes, hasta que le pasa algo a uno de tus seres queridos, y todo cambia de perspectiva.
Todos tus reclamos son impostergables, hasta que escuchás el llanto de un bebé.
Cuando te alojas en un hotel, todas tus exigencias son poco menos que derechos inalienables, hasta que una manito chiquita te tira del pantalón pidiendo "¿No tiene algo que me dé?".
La vida puesta detrás del cristal, y el cristal que te muestra, como en un increíble espectáculo, las riquezas y miserias de la condición humana, la amplitud de los sentimientos, la limitada visión que se tiene a veces de esta vida.
Que como en un juego de lentes (aumentando, disminuyendo) lo pequeño es grande, cuando queremos verlo.