miércoles, 7 de mayo de 2008

La Velocidad del Cambio (Que no es Cambiar la Velocidad...)

A caballo de un tren bala, la modernidad nos pasa por encima, y te sentís, más que un transeúnte de la vida, una cucaracha en el andén: existís sólo por la magnanimidad de los grandes, que no te pisan porque:
a) te tienen asco;
b) te tienen asco porque sos una cosa inmunda;
c) te tienen asco porque sos una cosa inmunda y negra;
d) te tienen asco porque sos una cosa inmunda, negra y pobre, a la cual no le pueden sacar ni un mango, ni los buenos modales (resabios de una época de aspiraciones, de movilidades sociales y del "si estudias, en este país se te abren las puertas...").
Las puertas las engrasan con guita, nene.
Las puertas de las oportunidades no se abren, nene: se voltean.
Nadie te regala nada, todo hay que rapiñarlo, forzarlo, pelearlo con los dientes afuera, garroneando los talones de la oportunidad hasta que largue algo para hincarle el diente.
Con tanto cambio veloz, los despiertos, los "avivados", sólo los preclaros hijos de puta pueden estar en la cresta de la ola, viendo bien qué cabeza es inodoro, y cuál peldaño.
Disculpen tanto optimismo; no sé muy bien qué es lo que tengo encima: si un pie, o mierda.

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