sábado, 31 de mayo de 2008

Lo añejo del presente

No sé si será en virtud del tiempo que pasa, y de este efímero (cada vez más movedizo) presente, uno empieza a darse cuenta que el tiempo es un arroyo de llanura, que circula constante, sin prisa pero sin detenerse, con remansos y turbios remolinos que se ahondan.
Como una creciente, llena de barro, de basura y hojas, que avanza intransigente, ante la oposición de los objetos y las voluntades que no pueden con ella.
Y en este tránsito, aquellos presentes que dejamos atrás, en particular los lugares físicos, vistos hoy dan esa sensación de rancio, de antiguo, de húmedo olvido en algún altillo o placard desconchado y viejo.
En este contraste (entre el presente recordado y el presente visitado), percibimos el baldío que ya no es, la canchita que se asfaltó, la calesita que hace años no se recuesta en esta esquina, mareando el tiempo, provocándote el vértigo y la adrenalina.
Que será, entonces, de aquellas casas visitadas, de los lugares conocidos, de las caras que se sucedieron, una tras otra, desde mi llegada al mundo, desde mi amanecer.
Será lo añejo del hoy, será el pasado de este presente, lo que uno siente tan próximo, cada vez más, hoy, y mañana, y siempre.

No hay comentarios: