miércoles, 18 de junio de 2008

Una apuesta

Apueste: la vida es juego.
Es quedar suspendido, a la volundad de azar, a la espera de una decisión que no nos pertenece, abandonándonos al otro, o a la nada.
Creyendo que algo determina el futuro, y nosotros con nuestras acciones, podemos modificarlos (siempre recuerdo el cuento de Borges sobre la Loteria Babilónica), avanzamos por la vida, sin tener verdadera conciencia del "libre albedrío", de no sabernos dueños de cada acción y sus consecuencias, pensando que todo tiene un sino mágico, un destino que va más allá de nuestras presunciones.
¿Y qué apostamos, sino tenemos más que tiempo, y vida, y más tiempo (finito, escaso, pobre tiempo)?
Al fin y al cabo, si el tiempo es dinero, no dejamos de "timbear": de jugarnos la fichita de dos pesos, de las cabezas, los 10 y los premios, de la Nacional, la Bonaerense y Montevideo, de seguir en los números aleatorios y perplejos las alternativas que nos cambian la vida: pasar de ser "un triste pelagatos" a "ese culón que ganó la lotería".

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