jueves, 24 de julio de 2008

Sueños e Ilusiones Inc.

Ya sé que lo mío es una voz que grita en el desierto.
Ya sé que mi reclamo es estéril, y no abriga esperanzas en su razón.
Pero no puedo dejar de decirlo. NO puedo.
Nos empaquetan (y empaquetamos solos, no vamos a negarlo ahora) y compramos vanos espejitos de colores, ilusiones y alegrías efímeras, sin sustento, sólo por el placer de pensarnos mejores, de suponernos más felices, de creer al alcance de la mano un futuro más interesante, no un folletín de barrio, y que ese porvenir se encuentra dentro de la última cerveza / máquina de afeitar / automóvil / crema, etc.
Cuando te digo ésto, en la radio dicen que una chica de apenas 13 años se descerrajó un tiro en el pecho porque no se sentía felíz, porque estaba cansada, porque no quería que la jodieran más.
¿Cómo podemos pensar siquiera en sueños reales, en ilusiones tangibles, cuando quienes tienen todo para creer, no pueden (no los deja la realidad) hacerlo?
¿Cómo suponer que algo de éso que aspiramos (y no hablo de la mierda que obnubila) emana de una base cierta, de un presente estimado, y no de la fábrica de figuritas estiradas para el consumo?
No son los medios, no, ése el planteo sencillo, los que tienen la culpa.
La culpa la tenemos nosotros (cada cual en lo suyo), al dar vuelta la cara al pibe que nos pide, cuando vemos al viejo que nos necesita, cuando nos escapamos de nuestra casa que nos ahoga, de la familia que agobia, de las preguntas que no tenemos ganas de responder.
¿Hace falta más para despertarnos a la vida real? Y no representa vivir la tristeza del presente, sino agradecer la lucecita tenue en tanta oscuridad que nos dá el futuro.
Que nos dejen soñar, que nos animemos a soñar, que no nos corten las alas (o las piernas, o las manos), y que no nos empaqueten la esperanza en cómodas cuotas.

domingo, 20 de julio de 2008

A mis amigos (dixit Alberto Cortés...)

A los que les adeudo la ternura, y también alguna gauchada a la espera de devolución (en algún momento llegará).
A los que me acerca el afecto, y me sobreponen la distancia.
A los que me quieren bien, y a los que me respetan.
A los que no nombro, y que están allí siempre, en mi memoria.
A los presentes, a los vivos y a los muertos.
A los ausentes con aviso, y a los que se olvidaron de anunciarse.
A los que te caen a la búsqueda del mate, que se arma al toque, sin otra razón (o sólo por esa razón, por estar).
A los que recuerdan tus gustos y preferencias, y a los que nunca se enterarán.
A todos, los que siguen en el camino, y a los que dejé en la banquina, o en el tiempo.
Muchas gracias por regalarme (y permitir devolverles) su amistad.
Gracias.

lunes, 7 de julio de 2008

Miradas frente al mar

Que prodigio poder venir a trabajar todos los días, y mirar el mar.
Ver la enorme amplitud, que se devora tu mirada en el horizonte, y más allá.
Tratar de percibir, entre los verdes azulados, los grises y el blanco de la espuma, perfiles en la lejanía, antiguos barcos que trajinan en la memoria.
Dejar llevar la vista, y pensar con los ojos, y más, cada vez más, que la distancia es un espacio en expansión, que el cielo y el mar se unen allá lejos, donde parece que se desdibuja el límite entre la tierra y el agua.
Y cada mañana veo este lienzo que Dios pinta, cada día, cada amanecer, cada instante.
Ahora llueve. Y el agua cae sobre el agua y la arena, y nada importa. La dulce melancolía nos embarga, es como un perfume dulzón y seductor, que enlaza, infecta y se inmiscuye dentro, en ese lugar interno donde existe el verdadero corazón, el de los sentimientos.

viernes, 4 de julio de 2008

"Qué lo pario, Mendieta, esta gente que habla" (Feliz Día del Locutor)

Parafraseando al Inodoro Pereyra (que hoy en día debe estar haciendo piquete tardío en la tranquera del Cielo), somos gente que habla.
Y en el hablar (correctamente, con respeto y responsabilidad) hemos claudicado sueños fáciles, oportunidades descartables, el "paso al lado oscuro" a lo Darth Vader, el dejarnos llevar antes que ser quienes eligen ir.
Desde aquella Resolución 631 (gracias por el recuerdo), hasta terminar la carrera y encontrar la desregulación de nuestro noble oficio como "regalito", imagino que tanto Ustedes como yo hemos recorrido un camino similar, con mucho amargo... y un dulcesito perdido, por ahi.
A esta altura, con la experiencia ganada en 15 años de aprendizaje, nos reencontramos con la frescura, inocencia (e inconciencia) de ayer, y me llena de orgullo verlos (vernos) así.
Gracias por recuperar, entre los recuerdos, la dignidad de lo que somos, y no pueden usurpar.

Feliz día del Locutor, colegas, compañeros y amigos.