lunes, 7 de julio de 2008

Miradas frente al mar

Que prodigio poder venir a trabajar todos los días, y mirar el mar.
Ver la enorme amplitud, que se devora tu mirada en el horizonte, y más allá.
Tratar de percibir, entre los verdes azulados, los grises y el blanco de la espuma, perfiles en la lejanía, antiguos barcos que trajinan en la memoria.
Dejar llevar la vista, y pensar con los ojos, y más, cada vez más, que la distancia es un espacio en expansión, que el cielo y el mar se unen allá lejos, donde parece que se desdibuja el límite entre la tierra y el agua.
Y cada mañana veo este lienzo que Dios pinta, cada día, cada amanecer, cada instante.
Ahora llueve. Y el agua cae sobre el agua y la arena, y nada importa. La dulce melancolía nos embarga, es como un perfume dulzón y seductor, que enlaza, infecta y se inmiscuye dentro, en ese lugar interno donde existe el verdadero corazón, el de los sentimientos.

No hay comentarios: