Parafraseando a la inmortal obra de Schumann, quien dijo "Nadie es lo que parece, y menos en estas condiciones, che", los argentinos (no todos, pero si una amplia mayoria, que abarca a casi el 100%) tienen condiciones innatas para la sanata.
Para aquel que no conozca esta sublime condición de la improvisación asistida, se denomina "sanata" al discurso inarticulado pero armónico del protagonista (o de quien desea serlo) de una conversación, la cual puede abarcar el ancho del abanico de intereses de la reunión.
La cotización del dolar, la existencia de Dios, el gol de Maradona a los ingleses en el '86 (el primero), la teoría de la relatividad de Albert Einstein, o el virtuosismo de Daniel Baremboin, pasan raudamente (previo salto al vacio desde la imaginación del emisor del mensaje) para ocupar ese espacio de protagonismo que se quiere ganar, a costa de la verdad muchas veces, pero sin que falte la imaginación al poder y rienda de cada argumentación.
Teorías perimidas, discursos hilarantes, ocurrencias, dichos campestres, máximas de los emperadores romanos, o simples chistes de salón, son y han sido recursos lícitos para la sanata, en la cual lo ilícito sería (bajo esta misma consideración) el apoyo de las citas y sus referencias ciertas, el basamento de lo afirmado bajo método científico, elaborando teorías, hipótesis, y empíricas conclusiones.
Pero ésto le quitaría la magia, y la sanata (como su hermano del campo pampeano, el bolazo) son hijos naturales de esta tierra que, como la andaluza, lo tiene todo, a falta de nada.
Como podrán imaginar, todo lo dicho... es sanata.
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