jueves, 16 de octubre de 2008

El Muertito

Por más que trato de ocultarlo, siempre aparece.
Se abre la puerta del placard, el cajón se desfonda y se cae todo, esa carpeta con data apareció AHI arriba, donde todos la pueden ver, o se nos cae entre los papeles de la billetera.
Cuando más tratamos de ocultar nuestros "muertos" (llámese nuestras vergüenzas, nuestro pasado o presente tortuoso), más nos enrostran nuestra miseria, la mantita corta que nos tapa la cabeza, pero nos deja a la vista los pies sucios.
Todos los tenemos, y son los hijos bastardos que nadie reconoce: el baldón, el aprobio, o la ignominia no sólo son palabras difíciles, son realidad que conjugamos como "Es un bajon".
Y te aseguro que se sobrevive; salís airoso, con la frente alta, pero internamente nos sentimos en falta, vemos el error y el detalle que nadie ve: el borde cachado, el zurcido invisible, la mancha indeleble no la saca ni "Mister Músculo".
Ojo! No está mal tener alguno de estos "muertitos": al fin y al cabo, evidencian que somos imperfectos, que estamos vivos (qué oximoron), y que todavía nos queda un largo camino de errores y aciertos por recorrer...

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