Soy reiterativo: ya lo sé.
Pero en este recupero de la memoria colectiva que emprendí, Ustedes me dirán...
1) ¿Nunca utilizaron telarañas para cicatrizar las heridas, cuando eran chicos?
2) ¿Los "empachos" (atracones y digestión lenta) no se los curaban "de palabra" y con la cinta roja, midiendo y rezando alguna vieja del barrio?
3) La misma señora, seguramente, con un plato hondo lleno de aceite, nos decía muy seriamente (al formarse unos círculos concéntricos dentro del plato): "Vos estás ojeado"...
4) O sino, bostezos mediantes, confirmaban este diagnóstico, corriendo las madres a ponernos una cintita roja con un pedacito de coral para protegernos del "mal de ojo".
5) ¿Y las panzas de sapo para curar dolores de muelas?
6) ¿Y los tés, y los menjunjes, y los apliques, y las cataplasmas?
Parte de esa sabiduría urbana casi criolla venía de la experiencia, de los prejuicios, del conocimiento (y del desconocimiento del conocimiento académico, además) y se multiplicaban ante los ojos asombrados de quienes, siendo niños, éramos "pacientes" también...en todos los sentidos de la palabra.
Hoy, que nos atravezó la era de la información, que todo está al alcance del mouse...siguen vigentes estas mismas recetas, tal como la escuchamos de la abuela.
lunes, 15 de diciembre de 2008
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