Nunca aprendí a sambar (ni a zambar tampoco).
A lo sumo, a zumbar como un zángano, pendiente de las mieles ajenas y el disfrute propio.
No me quejo: hoy la vida me pasa factura, y como todo viejo zángano, me desparramo (que es más gráfico) sobre mi rama, aflojando la cincha de mis caderas antes de reventar como un globo.
Siempre viví de flor en flor, disfrutando de la estética visión del Paraíso, del dulce que acompaña a lo amargo (sin pensar en el balance que alguna vez llega, en el vencimiento que te corre y te alcanza).
Soy un producto efímero. Ya se ha perdido mi atractivo, ya mi voz no encanta, ya mi juvenil apostura se marchita, se aja, como las hojas de una flor al sol inclemente de Enero.
Tendré vencimiento? ¿Acaso deberé ser como un "yoghurt": light, liviano, insustancial y sin memoria, con fecha de caducidad al pie?
Si estoy tan apurado por no llegar al fin de mis tiempos, recordaré mi historia? ¿Alguien tendrá presentes mis chistes, mis juegos de palabras, mis galanterías y piropos? Nacidos para tener un breve recorrido antes que una prolífica misión, están siguiendo mi mismo camino: convertirnos en una sombra, en un reflejo pálido de este original, de una fotocopia raída, de un apunte usado, de un boleto gastado de tanto pasar por las manos...
En lo breve del segundo, una eternidad de "belleza".
En una eternidad de rutina, ni un segundo de disfrute.
A pesar de todo, ¿qué elegís?
viernes, 23 de enero de 2009
lunes, 19 de enero de 2009
Antiguo Mapa de los Conocimientos
Estamos llenos de referencias viejas.
Y a medida que pasa el tiempo, somos como un mapa viejo y usado, donde los manchones, las correcciones a lápiz o birome, las marcas del mate, son parte de la geografía no oficial, la que hace (y deshace) la orientación, pierde las brújulas, marea a los baqueanos.
Qué divertido y lleno de vida es perderse, buscar caminos nuevos y salir, con el gusto de la aventura en la boca, a beber la dulzura de la Libertad de la misma fuente del viento.
Las hazañas diarias nos alejan de estas metas, y nos traen, como olas cansadas, a playas conocidas, a arenas vencidas por las huellas de todos.
Se anhela la oscuridad del próximo paso, la adrenalidad del desconocimiento, el corazón-potro dentro del pecho, y el miedo que te impulsa, inconsciente, a seguir, a no querer parar.
Hoy, hoy somos reflejos de éso.
Hoy descansamos entre laureles antiguos, que nadie conoce ni respeta.
Hoy dormimos la gloria, que se parece mucho al olvido.
De cada hallazgo, de cada logro, pusimos marcas en el mapa de nuestra vida.
Pero, al fin, sean topografía o manchas del camino, ya es igual: han pasado detrás, como los recuerdos y los carteles de la ruta.
De una ruta plagada de arrugas, cada vez más llena de surcos de experiencia.
Y a medida que pasa el tiempo, somos como un mapa viejo y usado, donde los manchones, las correcciones a lápiz o birome, las marcas del mate, son parte de la geografía no oficial, la que hace (y deshace) la orientación, pierde las brújulas, marea a los baqueanos.
Qué divertido y lleno de vida es perderse, buscar caminos nuevos y salir, con el gusto de la aventura en la boca, a beber la dulzura de la Libertad de la misma fuente del viento.
Las hazañas diarias nos alejan de estas metas, y nos traen, como olas cansadas, a playas conocidas, a arenas vencidas por las huellas de todos.
Se anhela la oscuridad del próximo paso, la adrenalidad del desconocimiento, el corazón-potro dentro del pecho, y el miedo que te impulsa, inconsciente, a seguir, a no querer parar.
Hoy, hoy somos reflejos de éso.
Hoy descansamos entre laureles antiguos, que nadie conoce ni respeta.
Hoy dormimos la gloria, que se parece mucho al olvido.
De cada hallazgo, de cada logro, pusimos marcas en el mapa de nuestra vida.
Pero, al fin, sean topografía o manchas del camino, ya es igual: han pasado detrás, como los recuerdos y los carteles de la ruta.
De una ruta plagada de arrugas, cada vez más llena de surcos de experiencia.
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