Estamos llenos de referencias viejas.
Y a medida que pasa el tiempo, somos como un mapa viejo y usado, donde los manchones, las correcciones a lápiz o birome, las marcas del mate, son parte de la geografía no oficial, la que hace (y deshace) la orientación, pierde las brújulas, marea a los baqueanos.
Qué divertido y lleno de vida es perderse, buscar caminos nuevos y salir, con el gusto de la aventura en la boca, a beber la dulzura de la Libertad de la misma fuente del viento.
Las hazañas diarias nos alejan de estas metas, y nos traen, como olas cansadas, a playas conocidas, a arenas vencidas por las huellas de todos.
Se anhela la oscuridad del próximo paso, la adrenalidad del desconocimiento, el corazón-potro dentro del pecho, y el miedo que te impulsa, inconsciente, a seguir, a no querer parar.
Hoy, hoy somos reflejos de éso.
Hoy descansamos entre laureles antiguos, que nadie conoce ni respeta.
Hoy dormimos la gloria, que se parece mucho al olvido.
De cada hallazgo, de cada logro, pusimos marcas en el mapa de nuestra vida.
Pero, al fin, sean topografía o manchas del camino, ya es igual: han pasado detrás, como los recuerdos y los carteles de la ruta.
De una ruta plagada de arrugas, cada vez más llena de surcos de experiencia.
lunes, 19 de enero de 2009
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