Puedo. Y hago fuerza, y puedo.
Cuesta al principio, y es como asomarse a un precipicio, desconfiando si se abre o no el paracaídas, si la caída no será el final (o el comienzo del todo).
Escribir es un proceso lento y tedioso, que se desarrolla fragmentado y alternado, con interrupciones, con arranques explosivos y lagunas interminables de ocio y falta de inspiración.
Y nada,
nada de nada,
hasta que nos cansa
la espera.
Cómo cuesta arrancar! y luego, cómo cuesta tomar un rumbo nuevo, generar una idea original, o por lo menos, menos trillada...
Y sin embargo,
es el entusiasmo de seguir,
la promesa de avanzar,
de ver la obra
finalizar.
lunes, 2 de febrero de 2009
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