jueves, 28 de agosto de 2008

Francotiradores

Nos apostamos detrás de una mesa de café, y disparamos.
Le damos con total impunidad y frescura al gobierno, a la familia, a los vecinos, a los compañeros de trabajo, a los amigos presentes y ausentes, al que pasó por la calle, a la mina que se parte, al bagayito; a lo pasado, lo presente, y lo futuro (no nos privamos de nada), a la coyuntura, y a la extructura; a lo consciente, a lo subconsciente y a lo inconsciente; al mensajero y al mensaje; al cuadrado de la hipotenusa, a la ensalada rusa, y a Vicente La Russa (El Preso); al negro, al blanco, y al gris; al par y al impar.

A todos, hasta a nosotros, que tan pulcro estábamos.

A nosotros, que nos encaramamos en nuestra torre de marfil, viendo equivocarse al mundo, mientras nuestro dedito índice (derecho e izquierdo, alternativamente, y de acuerdo al campo de visión elegida) va señalando como el cañón de un arma imaginaria, cargada de envidia, de odio y de impenetrable ineptitud, sus víctimas.

Tire, señor Licenciado, tres tiros por cinco mango. Y si son más, le fío.

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