Todos tus problemas financieros son grandes, hasta que le pasa algo a uno de tus seres queridos, y todo cambia de perspectiva.
Todos tus reclamos son impostergables, hasta que escuchás el llanto de un bebé.
Cuando te alojas en un hotel, todas tus exigencias son poco menos que derechos inalienables, hasta que una manito chiquita te tira del pantalón pidiendo "¿No tiene algo que me dé?".
La vida puesta detrás del cristal, y el cristal que te muestra, como en un increíble espectáculo, las riquezas y miserias de la condición humana, la amplitud de los sentimientos, la limitada visión que se tiene a veces de esta vida.
Que como en un juego de lentes (aumentando, disminuyendo) lo pequeño es grande, cuando queremos verlo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario